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¿Dios es justo o misericordioso?

José Fernando Gómez Rosales

La parábola del dueño de la viña, que nos relata San Mateo en el Evangelio del 21 de septiembre (Mt 20, 1-16), claramente demuestra que Dios es infinitamente misericordioso, podríamos decir injustamente misericordioso, al menos, ante nuestros ojos humanos. Pagar lo mismo al que había trabajado una hora, que al que había soportado el sol trabajando todo el día, y no sólo eso, pagarle primero al que había trabajado menos, suena a algo injusto. Traducido a la religión, significa que el que fue pecador toda una vida y se arrepiente sinceramente en el último segundo de su vida, irá al cielo más rápido que el que se pasó toda su vida rezando en la Iglesia o sirviendo a sus semejantes.

Es más, todos somos pecadores, pero nuestro mayor pecado es el de juzgar a los demás, y pensar que fulano ya debe estar condenado. Dios perdona inmediatamente y limpia todos los pecados del que lo ofendió. Por eso, nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, ha pensado que, ante la justicia divina, es injusto condenar al divorciado a vivir separado de la Iglesia, que es la fuente de santidad de todo ser humano. Si Jesús, en su tiempo, que no era peor que el nuestro, cuando le llevaron a la adúltera y le pidieron que de Él su veredicto, simplemente escribió: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”, porque sabía que todos somos pecadores.

Al menos casi la mitad de los divorciados, fueron injusta o justamente abandonados por sus parejas, tuvieron influencias negativas y la mayor parte están arrepentidos, ya sea del primer paso dado, o del segundo, y otros ya han pagado por su pecado en muy diversas formas. Si Dios perdona siempre y nos mira con misericordia, ¿podemos nosotros mirar como leprosos o impuros, a nuestros hermanos, que cayeron en el pecado del divorcio, cuando Dios ha tenido la misericordia de perdonarnos nuestros pecados? ¡Ésta es una injusticia mayor aún que la del dueño de la viña!

Dios es infinitamente misericordioso y a lo largo de todos los evangelios, Jesús nos pide que seamos compasivos y misericordiosos. Dejemos a un lado los pecados ajenos y preocupémonos de los nuestros. Miremos dentro de nuestras almas, localicemos la viga en nuestro ojo, en vez de buscar pajillas en el ojo ajeno.

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