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Chisme y juzgamiento

José Fernando Gómez Rosales

El chisme o habladuría es el dar paso a una murmuración sobre otra persona o lo que se supone que ella dijo o hizo. Este chime sólo puede ser malintencionado, pues nadie debe seguir una murmuración de ninguna manera, y peor sin estar seguro de su veracidad.

Los seres humanos, como ya lo dijo Jesucristo hace dos mil años, tenemos tendencia a buscar la pajilla en el ojo ajeno, sin notar la viga que tenemos en el nuestro, y si es factible, para darle más credibilidad o sazón, añadimos algo nuestro, inventado.

Ya de por sí el chisme es malo porque lleva la intención de hacer daño, pero peor es el juzgamiento que acompaña al chisme. Muchas veces ese juzgamiento lleva a condenar a una persona o a una causa, por el simple hecho de murmurar en contra o acerca de ella. El juicio, por lo general, es condenatorio. Quita el beneficio de la duda.

La intención del que dice o hace algo, puede ser buena y bien intencionada. La persona que la escucha o la interpreta, puede mirarla desde un punto de vista totalmente diferente, y muchas veces, aún sin mala intención, el comentario hecho, convierte en una herejía lo que es una verdad. Para criticar algo es necesario comprenderlo, y para comprenderlo hay que estudiarlo, no se puede juzgar sin conocer y comprender los motivos por los que se hizo o se dijo algo. Hacerlo sin estos actos previos es caer en la chismografía. Es más, desde el punto de vista del que lo hizo o dijo, puede ser correcto y para otro, con criterio deferente, puede estar errado. La única verdad absoluta es Dios.

Para los inconformes con esta ley, vale la pena recordarles ese pequeño pero sabio refrán de Mathías Claudius en su “Carta a mi hijo Juan”: “HONRA A CADA QUIÉN SEGÚN SU RANGO… Y DEJA QUE SE AVERGÜENCEN SI NO LO MERECEN”.

¡Expresemos la verdad! No demos cabida en nuestra vida al chisme. No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, dice el refrán. Si alguien pensamos que está equivocado, no murmuremos en su contra, o contra lo que dice. Hablemos de frente, expongamos nuestro criterio y procuremos un diálogo enriquecedor que nos lleve a la verdad.

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