• José Fernando Gómez Rosales

Para ser candidato

Se requiere, con urgencia ciudadanos capaces e inteligentes que deseen servir a la Patria, desde los puestos que salen a disponibilidad para las elecciones que se realizan periódicamente, para elegir las dignidades para las funciones gubernamentales, que se eligirán en cada ocasión.

El país ha resistido la embestida inmoral de varios individuos que, diciéndose personas honestas y de “manos limpias”, han destruido y saqueado el Ecuador, convirtiéndose en la mafia delictiva, criminal y narcotraficante más grande que nos haya atacado.

El Ecuador necesita de urgencia un grupo de ciudadanos que piense en el país, no en otros intereses.

El decálogo que debe cumplir la persona que ocupa un cargo público es:

1,- No hay que ser violento, ¡Hay que ser firme!

2.- No hay que ser blando, ¡Hay que ser respetuoso!

3.- No hay que saber responder. ¡Hay que saber oír!

4.- No hay que exigir, ¡Hay que dar ejemplo!

5.- No hay que crear más leyes, ¡Hay que hacerlas cumplir!

6.- No hay que crear más impuestos, ¡Hay que fomentar la producción!

7.- No hay que perseguir a los enemigos, ¡Hay que asegurarse que los amigos no abusen!

8.- No hay que buscar un puesto para Fulano, ¡Hay que buscar al mejor para ese cargo!

9.- No hay que elegir entre partidarios y amigos, ¡Hay que elegir entre capaces y honestos!

10.- No hay que decir, ¡Hay que hacer!

Firmeza, Prudencia, Honestidad y Sabiduría son los cuatro pilares sobre los que se debe levantar la plataforma de un Gobernante. Bienvenido el candidato que reúne esos cuatro pilares. Verdad, Modestia, Integridad y Buenas maneras, son las cuatro paredes que deben cobijar en esa plataforma al elegido, y el techo de esa vivienda es el Respeto. Bendito el país al que Dios le asigne una persona con esos atributos para que gobierne a su pueblo.

Si entras a la vida pública, recuerda y actúa con la integridad de las palabras de nuestro Prócer de la Independencia, Don José Joaquín de Olmedo y Maruri: “El poder público no es una propiedad que se adquiere, no es un fuero, no es un premio que la nación concede; es una carga honrosa y grave, es una confianza grande y terrible, que lleva y consigue grandes y terribles obligaciones. El ciudadano investido del poder no tiene más derecho que el de tener mayores facultades para el bien, y la de ser el primero en marchar por la estrecha senda de las leyes; ni debe proponerse otra recompensa que la esperanza de merecer un día, por su moderación, por su constancia, por su cordial sumisión a las leyes, el amor de sus conciudadanos y la gratitud de la Patria.”

jgomezr@hotmail.com

Lo mas Destacado
Reciente
Archivo
Buscar por Etiquetas