• José Fernando Gómez Rosales

La verdad de la mentira

Lo único que es más ruin que el engaño, es el cinismo de decirlo y repetirlo, como si fuera una verdad absoluta, e intentar vivir engañando a todos, mintiendo consuetudinariamente en todo lo que se habla o se dice.

Es cierto que puede haber casos en los que la apreciación es equivocada. Entre las anécdotas que presenta Sean Covey en su libro. “las seis decisiones más importantes de tu vida”, menciona a un muchacho perdidamente enamorado de una chica, que decide pedirle que se case con él. Al ir a verla, al llegar a la esquina, la ve a ella en la puerta de su casa, que recibe muy cariñosamente a otro joven. Se queda impactado, sobre todo cuando después de darle un beso y tomándolo de la mano lo lleva adentro de la casa. Resentido y amargado, regresa a su casa, le escribe una carta con todos los sentimientos de dolor, deja el anillo de compromiso que le llevaba, y va a casa de ella, a enfrentarla. Al llegar, ella, muy alegremente le abre la puerta y le dice: “hoy es un día muy especial. Mi hermano, que estaba en la conscripción, acaba de regresar. ¡Ven, parapresentártelo!”. Nadie tiene derecho a juzgar a los demás. Un sabio pensamiento dice que “no se puede juzgar a nadie, hasta haber andado con sus sandalias tres días”.

Otro refrán dice: “Desde que se inventaron las excusas, nadie tiene la culpa”, pero sí creo necesario diferenciar la excusa, de la mentira repetitiva y maligna. Está muy bien que alguna persona, no recuerde algo, pero sólo si tiene un ataque severo de amnesia, puede olvidar absolutamente todo. Si usted está en un puesto público donde tiene que responder por sus acciones, no puede darse el lujo de decir que se olvidó de todo. Es su obligación recordar todos los actos de su actuación. Ésta es la única forma decente que tiene usted de defenderse. Cada vez que usted emplea la frase “no recuerdo”, o “no recuerdo a fulano”, sobre todo, si ha elogiado a esa persona queda, ante las personas que lo escuchan, como una persona falsa y mentirosa. El hombre que es honesto, tiene palabra… ¡y la cumple! A inicios de la segunda década del siglo pasado, la palabra, valía más que un papel firmado. ¡La honestidad era la regla! Es una pena que esta forma de proceder se haya ido diluyendo con el tiempo.

Deja mucho que desear la forma de proceder de las personas que gobernaron el país en el período anterior, y preocupa aún más viendo que varios de ellos están aún en el poder y que hacen todo lo humanamente posible por dificultar la labor de la justicia. ¡Esto los hace cómplices de los acusados! Impedir o dificultar la acción de la justicia, los hace encubridores y los deja ante la opinión pública, como personas que han sido parte del atraco, que han recibido su buena comisión por hacerse de la “vista gorda” y permitir el robo de los otros.

En verdad, repugna el concepto que tienen de ellos mismos. ¡Quién se vende por un millón es igual al que se vende por 10 centavos! ¡Ya tiene su precio! Si su moral es tan baja que puede ser comprada al precio que sea, esa persona enloda su apellido, enloda a su familia y enloda todo lo que toca. Para esta gente, lo único que tiene valor es el dinero, no importa su origen, ¡lo único válido es poseer! Son como las ratas inmundas de cloaca, a las que no les importa vivir en un estercolero y revolcarse en el magma de inmundicia al que los atrajo el flautista que los embobó con la música de su corrupción.

Debe haber un regreso a los principios. Todavía hay gente que prefiere no involucrarse en drogas, ni en estafas, ni en contubernios, para de esta forma lograr dinero fácil, al que se le rinde culto como a un verdadero dios.

jgomezr@hotmail.com

Lo mas Destacado
Reciente
Archivo
Buscar por Etiquetas
Siguenos
  • Google+ Basic Square

© 2012-2020 doctorgomezrosales.com                         

  • w-googleplus

   En paz con Dios, con el mundo y conmigo mismo.