• José Fernando Gómez Rosales

¿Hasta dónde? o ¿Hasta cuándo?

¡Se repletó el vaso y se regó! ¡Cómo lo que ocurrió en Baños, igual ocurrió en el país! ¡La ola de corrupción nos ha inundado! Recién nos enteramos de que la sofisticación de la corrupción estaba tan bien organizada y tan bien implementada, que los distintos jefes de la Mafia, tenían sus guardaespaldas. Ahora sí empieza a verse la luz al final del túnel. Ahora sí, empiezan a ser creíbles las Historias que parecían sacadas de una novela de Gánsteres, al estilo de “El Padrino”, pero magnificada al más puro estilo “Siciliano-Neoyorkino”, de las que se venía comentando en nuestro pequeño Ecuador.

Hablar del asesinato del General Gabela, del periodista Valdiviezo, del secuestro de Balda y de muchos casos más, que parecían, sacados de películas de terror de la época del crimen organizado, ahora empiezan a verse como horrores que en realidad pasaron en nuestro país. Leer sobre los problemas del narcotráfico y la narco guerrilla, y ver la perdición de la juventud, condenada por las erróneas disposiciones del Gobierno, la permisividad de las drogas y el libertinaje sexual promovido en escuelas y colegios, tanto en relación con la enseñanza, como en la permisividad y la lasitud de las sanciones y en la forma de querer interpretar el idioma, cambiando las acepciones de las definiciones (matrimonio ¿igualitario?) y los nombres de las cosas, como si se pudiera interpretar al gusto individual los términos con los que se definen las cosas. Ahora se sabe que cada uno de estos “mafiosos”, tenía un grupillo de guardaespaldas, dispuestos a dar la vida por ellos, y pagados con el dinero de las coimas y de los sobornos.

Queda, por las evidencias que han salido (cuadernos, documentos. etc.) al descubierto, todas las manipulaciones, los pagos, los arreglos y la forma como el Gobierno manipulaba a los empresarios y a las Compañías a las que les otorgaban los contratos, siempre como emergencias para soslayar la ley. ¿Qué les quedaba a los Empresarios? Si querían contratos y el contrato exigía sobreprecio, había que cargarlo al valor de la obra, de otro modo, no había negocio. Si yo no acepto, se lo dan a otro que sí acepte, y problema solucionado. Si quiero sobrevivir y no quebrar, mi única alternativa es aceptar y pagar el soborno. ¿Denunciar? ¡A la cárcel y solucionado el problema para el Gobierno! Odebrecht es el ejemplo del extremo. ¡Pago más, pero trabajo peor!

¡Para actuar en esa forma, había que blindarse! Parte de lo recolectado, tenía que ir para “los pepudos”, los que disuadían a los que se les pasaba por la mente cualquier idea anticorrupción. Ellos eran los que hacían desaparecer a los que denunciaban o se atrevían a hablar mal del Gobierno, y eran los que protegían a las “autoridades” en sus presentaciones públicas.

Este cartel “narcoterrorista corrupto” funcionó y me entran dudas de que no siga funcionando para tapar la podredumbre que, por lo que parece sigue intacta. Hay muchas “leguleyadas” que hacen suponer que, por debajo, sigue manejando el país el grupo mafioso, y que intenta continuar, aprovechando ese 25% de fanáticos que, al recibir sin hacer nada bonos, prebendas, salarios sin trabajo, están acostumbrados, como el grupo similar de venezolanos, a recibir y sobrevivir mientras haya algo que repartir, a base de mentiras, promesas y juramentos.

Un punto más me preocupa: ¡Mucho se habla de estos “pagos” y nada de lo que los grandes capos se llevaron! ¿Qué es lo que piensan recuperar? ¡Creo que las autoridades ya dan lo robado por perdido!

“¡La peor complicidad es el silencio!”

jgomezr@hotmail.com

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