• José Fernando Gómez Rosales

El nuevo cuento de la Caperucita y el lobo

Comencemos por describir a los personajes: El lobo malo, un depredador salvaje, que siempre está con hambre. No tiene el más mínimo respeto por los otros animales. Con el tiempo, los otros lobos se han ido haciendo menos agresivos, más mansos, con excepción del lobo malo, y por eso, se permite a los lobos en general, mezclarse con los otros animales. Caperucita era una atractiva y hermosa cerdita, que acostumbraba a salir a jugar al bosque, usando su linda minifalda, que enseñaba sus preciosos muslos, que eran dos apetitosas piernas de cerdo que, a cualquier lobo, le podían despertar el apetito, Un día, el lobo malo la vio, la asaltó y se la comió. Este acto, como es lógico, fue muy mal visto en el pueblo, y hubo varias reacciones. En primer lugar, se consideró que todos los lobos eran iguales al lobo malo, es decir, que todos pensaban almorzarse a las Caperucitas que salieran a jugar al bosque, y se comenzó con un acoso a todos los lobos. Las Caperucitas, se dividieron en tres grupos: 1.- Las prudentes, que empezaron a preocuparse por vestirse no provocativamente, 2.- las seguras, que consideraban que sabían vestirse correctamente, y lo hacían bien, 3.- las osadas, que empezaron a actuar en forma desafiante, considerando que era su derecho vestirse como ellas quisieran, exhibiéndose aún más que antes, y empezaron a introducirse en el bosque, repitiendo un estribillo parecido al del cuento del lobo y los cerditos, que comenzaba diciendo: “Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está …”. El estribillo de ellas, mientras se internaban en el bosque, vistiendo ropa aún más insinuante que la de Caperucita, tenía como estribillo: “Y la culpa no era mía, ni donde estaba, ni como vestía …” Indudablemente, como no eran tan atractivas, ni tan tiernas como la Caperucita, a los lobos, así anduvieran desnudas, los atraían poco o nada. Parecía que lo que buscaban era atraerlos, para así culpar a todos los lobos, como si todos fueran como el lobo malo, o como si lo que tuvieran, fuese envidia de la atracción que había logrado Caperucita, sobre el lobo malo. Nadie puede decir que esté bien que el lobo malo se haya comido a la Caperucita, pero creo que, si todas las Caperucitas comienzan a provocar a todos los otros lobos, exhibiendo sus perniles por más feos o apestosos que sean, es posible que puedan lograr el apetito insano de algún otro lobo, y lograr que haya algún otro ataque a otra Caperucita. ¡Este juego de exhibición es el que debe acabar! Por favor, cuesta muy poco evitar la provocación innecesaria a los lobos, para evitar el riesgo. Hay algunas Caperucitas que se exhiben incluso en lugares de culto religioso, con prendas que dejan muy poco a la imaginación. Cabe pues, una pregunta: ¿La insinuación, provocación, o exhibición, no son estímulos que deben evitarse para lograr la armonía? jgomezr@hotmail.com

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