• José Fernando Gómez Rosales

¿Por qué nuestro país es corrupto?

¡Vivimos en el país de los sapos! Aproximadamente en 1950, el país se comenzó a llenar de sapos. La presencia de los primeros fue contagiando a los ciudadanos y la honestidad comenzó a verse como idiotez. Antes, la palabra valía más que un documento notariado. Más o menos, desde esa época, comenzó la degeneración de la palabra honradez, hombría de bien, y los principios y valores se fueron degenerando poco a poco, hasta perderse casi totalmente. A eso, también ayudó, y mucho, el deslumbramiento de la riqueza. Comenzó, incluso en la gente adinerada, la competencia de quien tenía el mejor carro y de quien tenía lo mejor. La gente se dejó deslumbrar por el brillo del oro. Los valores se empezaron a medir por su costo, no por sus principios. El arribismo empezó a mostrar sus garras y la base moral del hombre, se fue degenerando hasta voltear la torta y empezar a creer que lo verdaderamente importante es tener, sin importar como se consigue. ¡El que tiene, tiene y eso basta!

Entonces ya, con los principios puestos a un lado, no importaba cómo habías adquirido tu fortuna, lo importante era tenerla y se empezó a rendir pleitesía a los que poseían y eso desató la carrera de la sapada, de las complicidades, de los arreglos por debajo de la mesa, y los políticos fueron “aprendiendo” este nuevo sistema de gobernar, que llegó a su máxima expresión en estos fatídicos casi 15 años que llevamos de un Gobierno nauseabundo, basado en mentiras, falacias, robos y repartos, sin que importe al Gobierno lo que ocurría con el pueblo. El sistema es: “¡Todos roban! ¿Por qué yo no?”. ¡Por eso la Salud y la Educación han tocado fondo! ¿Y el pueblo? ¡Hay que mantenerlo contento! Por eso les damos los bonos, se los llena de promesas, se les da salud y educación gratuitas (aunque sean de pésima calidad). Ecuador está entre los países más corruptos del mundo… y por mérito propio.

¿Podremos algún día recuperar la hombría de bien? o ¿Estamos condenados a seguir el ejemplo asqueroso de Venezuela? ¡De nosotros depende! Tenemos que empezar a educar a nuestro pueblo (y a nuestros hijos), copiando el estilo japonés: “El respeto a lo ajeno”. Si queremos seguir siendo sapos, ¡terminaremos ahogados en el pantano de la corrupción!

¡Para educar es necesario el ejemplo! Empecemos a pensar en lo que estamos enseñando a nuestros hijos. Si ellos ven que nos saltamos las reglas, ellos harán después lo mismo. Si nos ven pasando plata a un guardia de tránsito, pensarán que esa es la forma correcta de actuar. Si nos ven llegar borrachos, y que insultamos o agredimos a nuestra esposa, luego ellos harán lo mismo y aún peor, pensarán que esa es la forma de actuar cuando diferimos de opinión. Si nos oyen reír al comentar alguna pillería, o nos ven hacerla, luego la harán ellos. Si ven que con “sapadas” estafamos a alguien, o nos adueñamos de lo ajeno, pensarán que eso es ser vivo y no lo que somos en verdad, vulgares ladrones.

¡LA BASE DE LA ENSEÑANZA ES EL EJEMPLO! Si queremos componer el mundo, comencemos por cambiar nosotros mismos.

jgomezr@hotmail.com

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