• José Fernando Gómez Rosales

¿De dónde viene la corrupción?

Es lo más sencillo de explicar: ¡De la liviandad moral! Cuando llegas al poder (en cualquier sitio, en cualquier cargo), te sientes dueño del mundo, tus amigos te ensalzan, te llenan de alabanzas y comienzan a querer lograr beneficios de tu “amistad”. Pedirte que los coloques o que coloques a un amigo en tal o cual cargo, que los ayudes a acelerar tal o cual trámite, que te ayuden a ganar tal o cual concurso, incluso si la ganancia es jugosa, te proponen pagarte un porcentaje, para asegurar ser electos (en la mafia de la Revolución Ciudadana, la osadía llevo a hacerlo activo: ellos te llamaban y te ofrecían el pacto -corrupción activa-), de modo que para ti, la cosa era. Segura. Lógicamente si el cálculo para realizar la obra es de tantos millones, habrá que aumentarle el valor del porcentaje que hay que pagar, porque no voy a perder en el negocio. Es más, como ya es negocio seguro, puedo aumentar además, más de ganancia. Otro invento, creo que de RC también, es el vender los cargos en los sitios en que puede haber un buen lleve (en las Aduanas, por ejemplo).

Esta gente corrupta piensa que el Estado, como maneja tanto dinero, tiene mucho, y que robarle al Estado, ¡no es robo! ¿De dónde sale el dinero del Estado? ¡De los impuestos que pagamos las personas y las Empresas que funcionan en el país! ¿Para qué sirve ese dinero? Para hacer las obras que hay que hacer, para pegar los salarios de las personas que laboran en las Instituciones del Estado (burocracia, profesores, personal médico, etc.), incluso a ellos mismos, y para ayudar a la gente que menos tiene. Si yo tengo un Estado obeso (porque aprovecho para colocar en puestos a amigos y recomendados, con cargos no necesarios), hago las obras con sobreprecio (por pagarlas con acuerdos) entonces no va a alcanzar el dinero para pagar y tener buena atención médica y educativa y aparte para dar las ayudas para la gente pobre y se empieza con recortes, como, por ejemplo, no comprar medicinas para regalar en casos de enfermedades catastróficas, porque son caras, disminuir el presupuesto para Salud o Educación, etc.

El grave problema moral, es que hay personas que piensan que, al ser electos, se les está dando patente de corso, que ellos tienen derecho a recibir un porcentaje por las obras que contratan, y parece que es tan generalizado el asunto, que ahora asusta ver la cantidad de candidatos para cada puesto público. Es necesario hacer entender a la ciudadanía que eso es un atraco a las arcas públicas del Estado, un robo a todos, que se los elige para que sean servidores públicos, no ladrones públicos.

Es necesario que se implante en la mente de los ciudadanos la definición de nuestro prócer Don José Joaquín de Olmedo y Maruri, de lo que es y debe ser un servidor público y que debe grabarse en la mente y el alma de cada persona que va a ocupar un cargo público: “El poder público no es una propiedad que se adquiere, no es un fuero, NO ES UN PREMIO QUE LA NACIÓN CONCEDE; es una carga honrosa y grave, es una confianza grande y terrible, que lleva y consigue grandes y terribles obligaciones. El ciudadano investido del poder no tiene más derecho que el de tener mayores facultades para el bien, y la de ser el primero en marchar por la estrecha senda de las leyes; ni debe proponerse otra recompensa que la esperanza de merecer un día, por su moderación, por su constancia, por su cordial sumisión a las leyes, el amor de sus conciudadanos y la gratitud de la Patria”.

jgomezr@hotmail.com

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