• José Fernando Gómez Rosales

Fue sin querer queriendo

¡El mundo que les va a tocar vivir a mis nietos, cuando tengan familia, va a ser de horror!

Ya era suficientemente malo, cuando mis hijos llegaron a la edad adulta. En mi niñez y adolescencia, las drogas no eran problema, porque pocos jóvenes a viajaban al exterior para estudiar Universidad, y mariguanero era sinónimo de cacahuero, el que arrastraba los pies para darle vuelta al cacao que se ponía a secar al sol en los tendales, es decir gente sin cultura, que fumaban mariguana, algunos de ellos, ladrones, y era más como un insulto que a uno le digan mariguanero.

Cuando comenzó a hacerse popular el ir a estudiar a Estados Unidos, se comenzó a ver jóvenes que comenzaban con el vicio, de los cuales, algunos empezaron después con otras drogas, aparte del alcohol.

Si bien es cierto que la mariguana se puede convertir en un peligro, solamente en un 30 al 50% de los jóvenes, no es menos cierto que varios de ellos, también superan el límite y pasan a otras drogas y nadie puede asegurar cuál de ellos va a ser o no, un problema.

Es más, de lo que se habla poco, es de uno de los problemas a los que puede llegar un joven que ha probado alguna droga, incluso ocasionalmente mariguana, y es que produce una inhibición del temor, relajamiento o un estado de ansiedad que pueda llevar a un joven a arriesgar su vida o incluso, al suicidio.

Pero me estoy alejando del tema. Actualmente el mundo está dando un giro, ya no sólo por las drogas, sino por la degeneración humana. La aparición de grupos paranormales, que pretenden pasar como variaciones de la normalidad, que, si las hay, verdaderas anormalidades, patologías y aberraciones, intentando pervertir la mente de las personas e incluso de los niños. Un ejemplo son las “Trolls’Poppy dolls” de Hasbro, que a Dios gracias los padres de familia reclamaron en Estados Unidos y lograron que la Compañía la retire del mercado, pues, aunque no lo reconocieron, la muñeca inducía al mal a los niños.

Ahora es necesario, ante esta ola de perversión, revisar y estar alertas por las intenciones contra la moral infantil, que parece que es el hueco por el que han encontrado facilidades para pervertir al mundo, y ya en varios países se está aprobando el asesinato. El querer asesinar a conveniencia al que me fastidia, al niño que está creciendo en el vientre de su madre, no es más que un cruel, vulgar y criminal asesinato de un ser vivo. No tiene justificación ninguna. Pedimos que no haya pena de muerte para el criminal y aceptamos que se asesine a un inocente, que jamás ha pecado. Realmente Ripley, si viviera ahora y viera lo que ocurre, diría que el mundo ya superó (y con creces), lo que él describía como verdaderas locuras de este mundo.

jgomezr@hotmail.com

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