• José Fernando Gómez Rosales

¡Dejémonos de idioteces!

Pido perdón por tratar en estas páginas un tema de adultos, pero creo importante definir temas como este, que ya los destructores del idioma y la moral intentan tergiversarlo.

¡Creo que, a partir de la tecnología y el libertinaje obcecado, estamos llegando a la idiotez absoluta! ¡Ya por los tecnicismos hemos dado cabida a ser comparados con las telas! Ya no somos hombre y mujer, somos lino, lana, polyester, seda, o algodón. El ser humano dejó de tener sexo y pasó a tener género. Con la idea de querer ser individuales y poder diferenciarnos bien, hemos cambiado nuestro sexo (que sólo hay dos), por algo como las telas, para tener más variedad, incluso ya piden que, en la cédula de identidad, ya no diga sexo, sino género y que en vez de varón o mujer, se ponga una X.

Este tipo de aberraciones mentales, que al comienzo causaron hilaridad, tienen que ver con lo que se ha hablado sobre preferencias sexuales, pero al final se van a topar con un gran problema: En medio de todas las ridiculeces, van a encontrar que de acuerdo con las preferencias individuales, pues se habla de hombres a los que le gustan las mujeres, hombres a los que les gustan los hombres, hombres a los que les gusta determinado animal y de determinado sexo, y mujeres a las que les gusta lo mismo de cada caso y también existen los Lo, los sin preferencias de ningún tipo.

Las preferencias sexuales de una persona, no tiene ninguna relación con el sexo de ese ser. La realidad es que, si a una persona de sexo femenino, le agrada tener relaciones sexuales con un perro o con otra mujer, esa es SU preferencia sexual, pero no le ha cambiado su sexo.

Los inconformistas creen que, por inventar, se pueden crear las cosas. Dios nos creó hombre y mujer, y por diversas anomalías genéticas, hormonales o de cualquier otro tipo pueden aparecer esporádicamente individuos intersexuales, que son sumamente raros.

Estamos pretendiendo llegar a una nueva Torre de Babel, ahora en cada idioma, y destruyendo el lenguaje con el que nos comunicamos, empezamos a hablar de géneros y nos atrevemos a darle a cada extravagancia mental la denominación que se nos ocurre, y si uno se considera vaca, pretende tener relaciones con un toro, o cualquier otro animal. Se dice que cada persona tiene derecho a sentirse como mejor le acomode y a tener relaciones con quien o lo que, se le venga en gana.

Antes, cuando yo estudiaba Medicina, se estudiaban como patologías mentales todas estas diferencias. Ya se ha aceptado la homosexualidad, tanto masculina, como femenina, derivadas del afecto a personas del mismo sexo, como derivaciones de lo normal, y estoy de acuerdo. Pero querer imponer como normal todo lo demás, es completamente diferente.

Ahora se pretende pasar como normal, aberraciones verdaderas que distan mucho de la normalidad. Esas han sido y seguirán siendo toda la vida, aberraciones sexuales, como la pedofilia y el bestialismo.

¿Por qué ocurren estas patologías? Muy sencillo: la curiosidad del ser humano lo lleva a explorar y a buscar nuevas formas de sentir placer, como el voyerismo o el uso de vidrios, para ver el funcionamiento de los esfínteres o jugar con excrementos o miles de fantasías, como el salto del tigre y muchas más.

Creo que hay que volver a lo anterior y reconocer que sí hay enfermedades mentales y llamar a todo por su nombre correcto. No tenemos por qué permitir que estas idioteces hagan pensar que todos somos corruptos, porque “el que calla, otorga”. De acuerdo con la realidad, todo lo que lleve al placer “A AMBOS”, es y puede ser permitido. Indudablemente el sexo es un acto íntimo entre dos personas. Todo lo que molesta a uno de los dos, no debe ser permitido. Los actos grupales también son aberraciones.

jgomezr@hotmail.com

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