• José Fernando Gómez Rosales

A Joseph (Joe) Biden

Quiero felicitarlo por ser el segundo presidente católico de los Estados Unidos.

Somos contemporáneos, pues nací en 1943, en Baltimore, MD. A los 24 años, fui forzado a renunciar a la ciudadanía americana, pues no había nunca sacado pasaporte y tenía que viajar en Jet ambulancia, con mi padre inconsciente por un accidente de tránsito, a Houston, TX. Ya era egresado de Medicina, los Estados Unidos estaban de guerra en Vietnam y me advirtieron del riesgo de tener que ir a combatir, dejando a mi padre solamente acompañado por mi madre, mientras iba a Vietnam, de modo que preferí renunciar a la ciudadanía americana y sacar VISA.

Eso es historia pasada y no es ese el motivo de mi carta. Volviendo al tema, quiero felicitarlo por su triunfo electoral y hablar un poco sobre el papel tan importante que usted ha asumido, al ser electo presidente del país número 1 del mundo.

No es cuestión solamente de su posición como presidente de los Estados Unidos, sino también por su representatividad como modelo de hombre y ser humano, como católico practicante, como ejemplo de familia, padre y esposo. Usted, al igual que yo, es viudo y tuvo la suerte de volver a encontrar pareja, y por los comentarios que se leen, veo que es un excelente miembro de familia.

Mi preocupación gira en relación con una política que está creciendo en el mundo y que me parece peligrosa para el mundo de sus nietos, de los míos y de todos los futuros ciudadanos del mundo.

Yo comprendo que cuando hablamos de igualdad entre los seres humanos, salta al ruedo el asunto del derecho de la mujer sobre su cuerpo y el embarazo que pone a la mujer en desventaja contra el hombre, pues ella es la que lleva en su vientre el fruto de su amor, o de su relación sexual. El hombre no es más que un mero espectador.

Me preocupa este pequeñito ciudadano, que no pidió venir al mundo, pero que, por designio de Dios viene en camino. Pensemos en él. Imaginemos que, por azares del destino, ese ciudadanito sea el que va a resolver y desarrollar la cura contra el COVID-19. Sería una lástima que, por mala decisión del destino, este niño sea abortado y no llegue a vivir.

Creo que siendo usted un hombre católico, creyente, es el llamado a detener este problema y hacer comprender al mundo que, así como hay muchos hombres que son estorbo, hay miles de niños no nacidos, entre los que puede estar el Salvador del mundo.

jgomezr@hotmail.com

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