• José Fernando Gómez Rosales

Cuando la tormenta pase ...

En verdad preocupa cuando, aún sin mala intención, la gente busca poner nombre de autor a algún escrito que impacta. En el libro “La historia de Iza”, Grace Ramsay, seudónimo de Kathleen O’Meara, católica irlandesa-francesa publicó un precioso poema, que incluiré al final, completo. Me da pena ver que se cambia los nombres de los autores y muchos, por lo que dicen, hace dudar de la autoría. Por ejemplo, el poema “besos”, atribuido a Gabriela Mistral: en una parte dice: “te suspendí en mis brazos, vibró un beso, y que viste después? Sangre en mis labios. Para mi ese hermoso poema no fue escrito por Gabriela Mistral, a lo mejor, fue escrito a ella, pero, por la descripción, fue escrito por un hombre a una mujer. Por el estilo, la historia y la época parecería escrito por Juan de Dios Peza. El poema “cuando la tormenta pase”, escrito hace 152 años, perecería haber sido escrito en este tiempo, por la pandemia de COVD-19, pero fue escrito en 1869. Por las epidemias de escarlatina (que mató a unos 50.000), tifus, viruela, cólera y fiebre amarilla, de ese año, en diversas partes del mundo, por su sitio de origen, más probablemente fue la epidemia la de escarlatina, la que produjo su escrito. El poema completo, con el título: “Y la gente se quedó en casa…”, dice: La gente se quedaba en casa leía libros y escuchaba. descansó e hizo ejercicios e hizo arte y jugó, y aprendió las nuevas formas de ser y hacer, se detuvo y escuchó profundamente. Alguien meditó. Alguien rezó. Alguien estaba bailando. Alguien encontró su sombra y la gente comenzó a pensar más diferente. Y la gente se sanó. Hubo ausencia de personas que inconscientes aún vivían en peligrosa ignorancia, sin sentido y corazón. Incluso la tierra comenzó a sanar. Y cuando el peligro terminó las personas se encontraron, y lloraron por los muertos y tomaron decisiones…. Soñaron nuevas visiones crearon formas de vida. Y curaron a la tierra, justo cuando fueron sanados. Cuando la tormenta pase y se amansen los caminos y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo, con destino bendecido nos sentiremos dichosos tan sólo por estar vivos. Le daremos un abrazo al primer desconocido y alabaremos la suerte de conservar a un amigo. Y entonces recordaremos todo aquello que perdimos de una vez aprenderemos todo lo que no aprendimos. Ya no tendremos envidia, pues todos habrán sufrido. Ya no tendremos desidia; seremos más compasivos. Valdrá más lo que es de todos que lo jamás conseguido. Seremos más generosos mucho más comprometidos. Entenderemos lo frágil que significa estar vivos. Sudaremos empatía por quien está y quien se ha ido. Extrañaremos al viejo que pedía en el mercado, que no supimos su nombre y siempre estuvo a tu lado. Y quizás el viejo pobre era tu Dios disfrazado, nunca preguntaste el nombre porqué estabas apurado. Y todo será un milagro. Y todo será un legado. Se respetará la vida, la vida que hemos ganado. Cuando la tormenta pase te pido Dios, apenado, que nos devuelvas mejores, cómo nos habías soñado. jgomezr@hotmail.com

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