• José Fernando Gómez Rosales

Impuesto a las grandes fortunas

De acuerdo con la prensa, en diciembre pasado, se aprobó en Argentina, un impuesto a las grandes fortunas que, de acuerdo con los diarios, podrá ir de 2% hasta el 3.5% por los bienes que están en Argentina y hasta un 5.25% sobre bienes en el exterior. Conociendo todo lo que se ha contado sobre la fortuna de la vicepresidenta de ese país, y sobre la forma como ella y su fallecido esposo colectaban y escondían sus fortunas mal habidas, resultaría interesantísimo saber a cuánto asciende el valor de ese impuesto que le toca pagar. Posiblemente, si sólo ella pagará lo que le correspondería pagar, sólo por este impuesto, Argentina podría pagar toda su deuda externa de un plumazo, lo mismo que pasaría en Ecuador si se le cobrara a la mafia que ha estado en el poder casi 15 años, por el dinero mal habido. Calculen cuántas deudas mundiales se podrían arreglar con un impuesto similar a Maduro, Ortega y otros coleccionistas de dinero mal habido, que pululan en el mundo. La tremenda osadía argentina, demuestra la podredumbre mundial en la que nos vemos obligados a vivir. Impuestos al que trabaja, al que se sacrifica, produce y da empleo a miles de compatriotas, y al cínico que engaña, miente y roba en forma desaforada, muy probablemente exoneración de pago de impuestos, por “servicio a la Patria”. ¡Creo que hay que reflexionar! Estamos acostumbrándonos nosotros, a pagar para cubrir los desfalcos de los que ostentan el poder, de los que se enriquecen del Estado y cuando se acercan las elecciones prometen lo que saben que es imposible cumplir, para tratar de conseguir más votos, con tanto cinismo, que ni siquiera piensan en lo que ofrecen, ni si es factible o no, si es justo o no. A quién perjudican es al pueblo, al que dicen que aman. Ellos son los que deben recibir la ayuda que ellos se roban. Para gentuza como está, que juega con la ilusión humilde, del pobre, del necesitado, que, ante la frustración por tanta mentira, deja de creer incluso en la realidad, no bastaría la cárcel. Yo sé que, aunque disfruten de lo mal habido aquí en la tierra, tiene que haber un castigo eterno en la otra vida, porque las almas de la gente sencilla, a la que envenenan con tantas mentiras y promesas, si son oídas por el Padre Eterno. jgomezr@hotmail.com

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