• José Fernando Gómez Rosales

Los derechos humanos

Mucho me temo que el mundo está cayendo en una crisis moral tan grave, que ya los pájaros están disparando y matando a las escopetas.

El asunto de los derechos humanos está tan tergiversado que ahora queremos exigir el derecho de asesinar a quien me fastidia, o priorizar el derecho del ladrón o del estafador, sobre el derecho del perjudicado, sobre todo, si el perjudicado es rico.

Con la excusa del “pobrecito”, se decide a favor del criminal y en contra del asaltado. Creo necesario aclarar las situaciones, para evitar las injusticias que se están cometiendo a cada rato, sobre todo con ayuda de la Constitución, que ahora defiende al delincuente y se va en contra del inocente.

Veamos algunos ejemplos: De acuerdo con los mismos derechos humanos, el principal derecho del hombre es el derecho a la vida. Sin embargo, se está hablando como si, sobre el derecho del ser humano a la vida, está mi derecho sobre mi cuerpo, y queremos asesinar a un ser completamente inocente, porque está viviendo por un periodo de tiempo, dentro del vientre de otra persona. Ese ser humano es un ser completamente diferente de la persona dentro de la que está creciendo. Con la excusa de que no lo quiero dentro de mí, lo matamos sin piedad (que yo sepa, sacar a un inquilino en esa forma, te manda a la cárcel), desmembrándolo y sacándolo en pedazos del interior de esa persona. Es un ser que nunca le ha hecho nada a nadie. Él no es culpable de nada.

Se captura a una persona que se la pilla un fraganti en un delito, cualquiera que sea; la fiscalía presenta las pruebas del delito. Se amenaza al juez y pese a las pruebas, el juez declara que las pruebas del delito no son suficientes, y lo deja en libertad.

Capturan a un grupo de personas vendiendo drogas a un grupo de jóvenes. Esos jóvenes destruyen sus mentes con la droga, hacen a los padres sufrir, para conseguir más droga, entran en colaboración con los que los iniciaron, entran en pandillas y son asesinados, o se vuelven delincuentes. A los que capturaron, los guardan en prisión por pocos días o semanas y salen libres, para seguir delinquiendo. Mientras tanto, sus madres, novias o esposas sufren o lloran la muerte del muchacho. ¿Quién responde por ellos? Incluso, el muchacho era el sostén de su familia. La gravedad del daño producido no guarda relación con la pena impuesta.

Muchachos que están en la cárcel, por infracciones menores. Hay una revuelta de presidiarios, y termina decapitado, porque le caía mal a otro que, como el muchacho ya no estaba en drogas, le pareció bonito cortarle la cabeza. Y como fue en una revuelta, resulta que nadie es culpable.

Mientras que no se termine de sacar la gente corrupta que dejó sembrada en el país el fatídico Rafaelito, será muy difícil sacar el país a flote.

jgomezr@hotmail.com

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