• José Fernando Gómez Rosales

Un viejo verso

“Dulcísimo recuerdo de mi vida, bendice a los que vamos a partir, Oh! Virgen del recuerdo, Dolorida, recibe tú mi adiós de despedida y acuérdate de mí!” Esta sencilla y preciosa despedida del Colegio, me ha traído recuerdos de la infancia, y de paso, la necesidad de regresar a nuestros orígenes, a la vida de antaño, cuando el hombre valía por lo que era, no por lo que tenía! El mundo se ha vuelto tan materialista, los valores ahora tienen un precio. Los principios son puestos a un lado, si no producen rédito. Ya los niños pasan a secundaria, y si no tienen un norte trazado y definido, quedarán al borde del camino y aplastados por el atropellamiento y la viveza criolla. Lo que vale es lo que produce. Sólo lo material vale. Lo demás es obsoleto. Antes, la palabra de un hombre valía más que una firma. La honradez era un bien tan preciado, que el honor de un individuo era la característica que distinguía a la persona de bien. Muchos buenos hombres del pasado se deben revolver en sus tumbas, viendo las noticias sobre sus descendientes. ¿Qué es lo que ha ocurrido? Simple y llanamente que ahora sólo vale lo material. Los valores, tan importantes en el pasado, ahora se encuentran en segundo o tercer plano. Sólo lo que brilla, vale. Ya no vales por lo que eres, sino por lo que tienes. El mundo no te valora por tu trabajo, tu valor está dado por tus pertenencias. No importa como las obtuviste, sino que las tengas. Mucha gente de bien, ahora se echa el alma atrás, como una mochila sin valor, sin importarles que ponen como estropajo apellidos ilustres. A Dios gracias, hay algunos que sí se han dado cuenta y reculan. Ojalá esta actitud se generalice. Ojalá reflexionemos y nos demos cuenta del daño que le estamos haciendo a nuestras familias y al mundo. jgomezr@hotmail.com

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